Saludar y Sonreir

Queridos Simón, Dácil, Myriam y Diego: Os voy a hacer una confidencia: Cada día, cuando me levanto de la cama, ¿ sabéis lo que hago ? voy a la cocina, abro la puerta y salgo al porche a contemplar el amanecer haga calor, frío o chaparree. Me gusta agradecer a la vida, y yo, como creo en Dios, también agradezco a Dios, el gran regalo de un nuevo día, de una nueva oportunidad que se nos brinda para enmendar errores, para seguir amando, para seguir viviendo. Este pequeño gesto me ayuda a encarar el día positivamente, aunque a veces no lo consiga.

¡ Qué importante es encarar la vida con ánimo positivo! En algún momento de mi vida alguien me habló de que todos deberíamos proponernos comenzar el día practicando las dos «eses»: saludando y sonriendo. Son dos gestos que parecen insignificantes, pero que suavizan las relaciones. El saludo con sonrisa envía un mensaje positivo a quien lo recibe y nos dispone favorablemente ante cualquier circunstancia. Hay que ser educados. Saludad siempre y sonreid todo lo que podáis.

Hace años estuvo de moda una canción que a mi me encantaba por su mensaje positivo: » Viva la gente»

Esta mañana de paseo

con la gente me encontré,

al lechero, al cartero,

al policía saludé.

detrás de cada ventana

también yo reconocí

mucha gente que antes

ni siquiera la vi.

Mi caballo de cartón

Estos días, vuestro abuelo, anda bastante obsesionado con la invasión del pueblo ucraniano por parte de Putin. Y digo Putin conscientemente porque, no son los rusos quienes están invadiendo Ucrania, sino Putin y su entorno ideológico, dictatorial y anexionista.

Esta mañana, al despertarme, me he descubierto pensando: Qué difícil resulta llevar al ánimo de los niños la idea de que los abusos hay que desterrarlos de sus relaciones cotidianas en el ámbito escolar, familiar, de amistad…; de que hay que respetar a las personas, las normas de convivencia, la libertad del otro… Y resulta aún más difícil cuando los adultos, para resolver los conflictos que irremediablemente surgen en nuestras relaciones, recurrimos a la fuerza. ¡Qué incongruencia! ¡qué mal ejemplo!

Putin, en esta invasión, no sólo persigue ganarla: quiere arrasar a todo un pueblo, imponer su superioridad, su voluntad política por la fuerza. Sus armas son sus razones. ¡ Cómo me gustaría vivir en un mundo libre de armas de destrucción masiva!, un mundo más civilizado. Espero que vosotros, más inteligentes que nuestra generación, lo consigais, queridos.

Me vienen a mis recuerdos, unos versos que aprendí de muy niño, cuando empecé a conocer las letras en un libro que yo identificaba entonces como » Paramijo » ( para mi hijo ):

Dame pronto mi caballo, mi caballo de cartón,

voy a matar a la bruja, a los duendes y al dragón

que tienen aprisionada a la princesa Mariló,

en un castillo sombrío donde no hay aire ni sol.

» Dame pronto mi caballo, mi caballo de cartón»

«El toro por los cuernos»

Hoy estoy triste, ¡menuda novedad! Últimamente me sucede a menudo. Quiero pensar, para aligerar mi responsabilidad personal, que es una secuela de la pandemia padecida (con demasiada frecuencia recurrimos a la pandemia para justificar hasta lo injustificable); pero no, queridos míos. Hay que ser valientes y coger «el toro por los cuernos».

A poco que bucee en mi interior, me encuentro con la verdadera razón de mi tristeza: estoy triste porque no estoy contento conmigo mismo, no me gusta lo que hago. Nos ponemos tristes cuando no cumplimos lo que nos proponemos, cuando estamos inactivos, apáticos, cuando no sabemos qué hacer. Cuando esto nos sucede, no tenemos más remedio que reaccionar. Si estamos vivos, tenemos que vivir… y si vivimos, tenemos que convivir y todo esto llenará nuestra vida.

No hay nada que proporcione más alegría, que llene más el corazón, que intentar ser útil, aunque sea en pequeña medida, a aquellos con los que convivimos, empezando por los cercanos, por los amigos, por la familia.

Procura sonreír siempre, Simón; las dificultades, seguro que serán menores. Díselo a tus primos, hazme este favor.