Hoy estoy triste, ¡menuda novedad! Últimamente me sucede a menudo. Quiero pensar, para aligerar mi responsabilidad personal, que es una secuela de la pandemia padecida (con demasiada frecuencia recurrimos a la pandemia para justificar hasta lo injustificable); pero no, queridos míos. Hay que ser valientes y coger «el toro por los cuernos».
A poco que bucee en mi interior, me encuentro con la verdadera razón de mi tristeza: estoy triste porque no estoy contento conmigo mismo, no me gusta lo que hago. Nos ponemos tristes cuando no cumplimos lo que nos proponemos, cuando estamos inactivos, apáticos, cuando no sabemos qué hacer. Cuando esto nos sucede, no tenemos más remedio que reaccionar. Si estamos vivos, tenemos que vivir… y si vivimos, tenemos que convivir y todo esto llenará nuestra vida.
No hay nada que proporcione más alegría, que llene más el corazón, que intentar ser útil, aunque sea en pequeña medida, a aquellos con los que convivimos, empezando por los cercanos, por los amigos, por la familia.
Procura sonreír siempre, Simón; las dificultades, seguro que serán menores. Díselo a tus primos, hazme este favor.
