In memoriam

El 9 de Mayo, el lunes siguiente al domingo de la Comunión de Myriam, fue el lunes más triste de los que recuerdo. La tristeza nos paralizó: el abuelito Miguel nos decía «adiós» casi sin despedirse, inesperadamente; la muerte siempre llega » como una ladrona «.

Las jornadas del tanatorio pasaron lentamente, dolorosamente. En ese torbellino de sentimientos, me gustó descubrir cómo te quería la gente, tu gente, tus amigos, tus colegas, tus alumnos, tu familia… Me encantó descubrir tu sonrisa, tu positividad,, tu vitalidad… en las fotos que, sobre la mesa del salón de tu última casa, congelaban momentos puntuales de tu fructífera vida.

Me gustó porque yo, en mi cabeza y en mi corazón, quiero recordarte así, como eras: alegre, positivo, trabajador, responsable, amigo de tus amigos y amante de tu familia.

Miguel, ¡amigo! espérame en el Cielo, por favor, porque seguro que, por tu bondad, tú llegarás primero. Y desde allí, cuida de los tuyos, que son también los nuestros, ¡nuestros nietos!.

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