Coge tu mochila y….¡camina!

Hoy me he levantado andarín. Por mi ventana se filtraba el sol serrano de la mañana que me invitaba a salir de casa y pasear por el campo. Hace una mañana espléndida.

Haciendo caso al médico, que aconseja a los mayores andar todos los días al menos una hora, he preparado mi mochila con agua y algunos frutos secos y me he dirigido al embalse. Por el camino he saludado a varias personas que estaban disfrutando, como yo, de la mañana. La primavera, que ya languidecía, me obsequiaba con sus flores, el trino de los pájaros… a lo lejos se oían los cencerros de unas vacas pastando. ¡Qué placer caminar sin prisa, tranquilamente! Es el momento ideal para pensar, para dejar volar tu imaginación, para reflexionar… De pronto, me descubrí avanzando, entre encinas, con mi mochila a la espalda y pensé: la vida es un conjunto de caminos y nosotros los caminantes. Hay que estar atentos porque podemos equivocar el camino, mis queridos nietos.

No siempre, en realidad, casi nunca, el camino fácil, el más recto, el libre de recovecos y de cuestas empinadas, coincide con el camino correcto. El camino correcto es aquel que nos ofrece más posibilidades de llevarnos a la meta que nos proponemos. En este caso concreto, el correcto es el que nos conduce al embalse. Lo primero que debemos hacer es establecer con claridad la meta que nos proponemos alcanzar y así nos resultará más fácil la elección del camino. No os preocupéis de la mochila, ¡todos la llevamos! Unos más pesada y otros menos. La mochila, en el camino de la vida, nos acompaña siempre. Es el lastre que nos pesa y que nos impide avanzar como quisiéramos en la dirección elegida: pequeños o grandes defectos, malas experiencias, formas de ser y de comportarnos, etc.

Para que el peso de la mochila no nos aplaste, hay que tratar de aligerarla tirando lastre durante el camino. Os deseo, con toda mi alma, que seáis ágiles recorriendo el camino de la vida. Tirad el lastre que os pese; pero conservad el agua y el alimento para compartir. Cuando se comparte, el camino es una alegría. ¡Buen camino, preciosos!