Queridos nietos: cuando yo era un joven estudiante, inquieto y un poco rebelde, me entusiasmó un tratado sobre el comportamiento humano , que leí. Se trataba de una obra: «Ética a Nicómaco» que Aristóteles, un filósofo griego del s. IV a.c dedicó a su hijo Nicómaco. Después, ya en la década de los 90 del s.XX, leí «Ética para Amador» que el filósofo Fernando Savater dedicó a su hijo. Se trata de dos programas del comportamiento humano muy completos y prácticos y que ayudan a ajustar las acciones humanas en relación con uno mismo y con los demás.
Yo no pretendo tanto. Me conformo con daros unas pinceladas que puedan serviros, que puedan orientaros.
Lo primero que quiero transmitiros es que seáis y que os comportéis como niños, que no pretendáis ser mayores antes de tiempo, ¡todo a su debido tiempo! Los mayores, a menudo, tratamos de justificarnos sin asumir las consecuencias de nuestros actos y éste es un mal comienzo, así no rectificaremos, seguiremos equivocándonos.
Vosotros asumid que, a veces, os equivocáis, que os portáis mal. Daros cuenta de vuestros errores, es la mejor forma de enmendarlos, de cambiar, de crecer como personas. Tenéis que saber que todos nos equivocamos, también vosotros. El problema no está en equivocarse, en portarse mal ( «equivocarse es humano» ), el problema está en no intentar cambiar, en no rectificar, en no aprender de los errores.
Tened paciencia, no se cambia de repente; pero caminad siempre hacia adelante, siendo cada día mejores personas. Trabajad vuestras cualidades, que tenéis muchas y limad vuestros defectos, que no son tantos. Recordad que vosotros valéis mucho.
