El día del padre

Permitidme, mis queridos nietos, que hoy tenga una breve conversación con mis hijos, con vuestros padres, aprovechando que hoy es su día, que celebramos nuestro día.

Espero que mis nietos hayan contribuido, a que disfrutéis sin límites de su compañía. Deseo que os sigan obsequiando con el regalo de su cariño desinteresado.

Con la figura de un padre los hijos se garantizan la realidad de un amigo; pero un amigo de verdad, un amigo para «las duras y para las maduras» . No un «colega», sino un guía, un referente, una ayuda, a veces un escudo y siempre un estímulo.

Los padres, queridos hijos, tenemos ante nosotros el gran reto de no defraudar a nuestros hijos, de no desfallecer ante las dificultades que a veces nos agobian en el camino de su educación. Pero es fácil «tirar la toalla», sobre todo cuando los resultados se resisten a pesar de nuestros esfuerzos.

Queremos, con frecuencia, que nuestros hijos sigan en su comportamiento unas pautas establecidas, que compartan nuestros propios criterios… Pero los hijos tienen vida propia, acumulan experiencias personales que van cincelando sus criterios propios… y ¡tenemos que felicitarnos de que sea así! porque ello significa que van adquiriendo su personalidad, su «yo» individual que tanto les va a ayudar en su vida personal y profesional.

Creo que los padres, para equivocarnos lo menos posible, tenemos que recurrir al espejo retrovisor de nuestra vida. Seguro que si buceamos en nuestra niñez, en nuestra adolescencia y juventud, cuando enfrentamos un reto con nuestros hijos, encontramos la solución al desafío.

Para cualquier contratiempo, sea difícil o leve, el mejor remedio que conozco es el amor.

Os quiero y os deseo un «FELIZ DÍA DEL PADRE».

La ilusión de vivir

Buenos días: Desde el 7 de Diciembre del año 2022, mi blog no te había saludado, mi querido Simón, tampoco a tus primos. Y, no es que no hayan ocurrido cosas: celebramos la Navidad todos juntos en Colmenarejo, viniendo la familia de Canarias, fuisteis a pasar el carnaval en febrero al Hierro, pasando por las Palmas y Tenerife, han pasado muchas cosas para comentar… es que yo no encontraba momento para sentarme y entablar una conversación con vosotros sobre cualquier cosa.

A veces no es lo más importante la materia sobre la que versa la conversación. Lo importante es hablar, intercambiar ideas, saludarnos, decirnos que estamos aquí, que nos necesitamos, que nos queremos. Sentir que alguien se interesa por nuestras cosas, saber que importamos a alguien.

Esta mañana me he levantado muy temprano. El sol se colaba por la ventana de mi habitación, saludándome con delicadeza. Perezosamente me he ido despertando, ayudado por el revoloteo de unos pájaros en el jardín. ¡Ya está aquí la Primavera! De pronto me he puesto contento. La Primavera me gusta, me da alegría. Es siempre el comienzo de algo, la naturaleza se despierta: las flores, los árboles, los campos, los animales…la vida.

Me ha invadido un deseo inmenso de levantarme, de comenzar el día con ilusión, de preparar el desayuno, de deciros, desde nuestro blog, que os quiero. Así me gustaría levantarme todos los días, convencido de que cada día es único, con bonitas sorpresas por descubrir. Así me gustaría que fueran todos los días de vuestra vida. Hay que empeñarse en ser felices, en renovar cada día la ilusión, porque siempre, después del invierno, llega la Primavera, la vida, el inicio de algo sorprendente.

La Primavera nos tiene que pillar como a la naturaleza, preparados para florecer. Nos tiene que encontrar levantados, de pié, listos para salir a caminar, a vivir… porque, ¡queridos nietos!, si estamos vivos ¡tenemos que vivir! y aprovechar cada momento que la vida nos regala.