El día del padre

Permitidme, mis queridos nietos, que hoy tenga una breve conversación con mis hijos, con vuestros padres, aprovechando que hoy es su día, que celebramos nuestro día.

Espero que mis nietos hayan contribuido, a que disfrutéis sin límites de su compañía. Deseo que os sigan obsequiando con el regalo de su cariño desinteresado.

Con la figura de un padre los hijos se garantizan la realidad de un amigo; pero un amigo de verdad, un amigo para «las duras y para las maduras» . No un «colega», sino un guía, un referente, una ayuda, a veces un escudo y siempre un estímulo.

Los padres, queridos hijos, tenemos ante nosotros el gran reto de no defraudar a nuestros hijos, de no desfallecer ante las dificultades que a veces nos agobian en el camino de su educación. Pero es fácil «tirar la toalla», sobre todo cuando los resultados se resisten a pesar de nuestros esfuerzos.

Queremos, con frecuencia, que nuestros hijos sigan en su comportamiento unas pautas establecidas, que compartan nuestros propios criterios… Pero los hijos tienen vida propia, acumulan experiencias personales que van cincelando sus criterios propios… y ¡tenemos que felicitarnos de que sea así! porque ello significa que van adquiriendo su personalidad, su «yo» individual que tanto les va a ayudar en su vida personal y profesional.

Creo que los padres, para equivocarnos lo menos posible, tenemos que recurrir al espejo retrovisor de nuestra vida. Seguro que si buceamos en nuestra niñez, en nuestra adolescencia y juventud, cuando enfrentamos un reto con nuestros hijos, encontramos la solución al desafío.

Para cualquier contratiempo, sea difícil o leve, el mejor remedio que conozco es el amor.

Os quiero y os deseo un «FELIZ DÍA DEL PADRE».

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