La familia

Son las 7 de la mañana. Aunque la cama es muy cómoda y vuestra abuela duerme plácidamente, yo no tengo sueño. Decido levantarme

Desde la terraza de nuestro apartamento de Benidorm veo desperezarse el sol sobre el mar tranquilo. La ciudad duerme. Todo es sosiego, nadie deambula por la calle, sólo una gaviota rompe el silencio con sus graznidos, intentando penetrar en la terraza a través de los cristales impolutos.

Estamos, queridos nietos, en el Jueves Santo del año 2023, el día del amor fraterno, «amaos los unos a los otros, como Yo os he amado». Hay que procurar cumplir este mandato de Jesús como si se dirigiera personalmente a cada uno de nosotros.

Este año, estamos pasando estos días de descanso «cada mochuelo en un olivo distinto»: La yaya se ha quedado en su Madrid del alma, disfrutando de su aburrimiento habitual. Los abuelos se han desplazado al Levante a guardar debidamente su casita de Benidorm, mientras esperan a tía Irene, tomando el sol en la playa. Deseosos estamos de disfrutar, los tres juntos, de estos días de vacaciones tan merecidos, sobre todo, por tía Irene que ha trabajado en su clínica hasta el miércoles. Simón y los papás están tranquilos, espero, en la sierra de Madrid, en nuestra casa de Colmenarejo, haciendo «caminatas» al embalse en bici y a veces con Rita. Simón, de vez en cuando, mata el tiempo metiendo golazos a su «papi» con la pierna mala incluso. Y Quique y familia, en el pirineo aragonés, disfrutando de la compañía de sus amigos maños. ¡Cada mochuelo, en olivares distintos!

Lo fundamental de la familia no es estar todos «juntitos» como las cerezas en una cesta. Si bien es cierto que el roce hace el cariño, que crea familia, lo importante es echarnos de menos, sentirnos cercanos en la lejanía, estar «ahí» siempre que nos necesitemos, sin necesidad de pedir «auxilio», descubriendo a través del amor las necesidades, las ausencias del otro.

Mis queridos Diego, Myriam, Dácil y Simón, si algún día os sentís solos, acudid a la familia; la familia es nuestra mejor amiga, la más fiel, la más desinteresada, la que nunca nos abandona, la que mejor nos comprende, la que más y mejor nos debiera conocer, la que a veces nos regaña…

Dentro de unos días nos reencontraremos en Madrid, si Dios quiere, y seguro que extrañaremos a los ausentes, pero sabiendo que los lazos cruzan los mares, las distancias, y consiguen mantener unida a la familia.

Un beso fuerte, queridos nietos. Un beso enorme, querida familia.