De nuevo….la Pereza

Queridos Diego, Myriam, Dácil y Simón: Hoy veo, con estupor, que han pasado casi ocho meses sin que os cuente algo en mi blog, en nuestro blog. Y ¡no es que no haya sucedido nada reseñable en nuestra vida! es que a vuestro abuelo, le ha vuelto a vencer la pereza y eso, ya sabéis, no es bueno.

Dejadme que os cuente:

1._ Nos alegró muchísimo la noticia que nos trajisteis de Canarias en las vacaciones de Verano: iba a aumentar la familia canaria con una nueva niña. Hoy mismo ya estamos preparando la abuela y yo el equipaje para volar a Canarias el 29 de Enero y así, disfrutar con vosotros de nuestra nueva nieta. Esta noticia, ¿no hubiera sido suficiente para merecer, por sí sola, una entrada en nuestro blog? Seguro que sí.

2._ Simón, tú te fuiste dos meses con tus padres a Alemania y nos dejaste muy tristes; pero disfrutasteis muchísimo visitando a tantos amigos y a toda la familia alemana. Y tú, personalmente, te lo pasaste genial, según me contaste en Septiembre, participando en dos campamentos de fútbol en los que te enseñaron regates, precisión en el pase y técnica… del deporte que te apasiona ¡el fútbol! Mis campeones canarios marchasteis, con vuestros padres, a pasar 15 días a Georgia. (Nosotros hemos disfrutado poco tiempo de vuestra compañía este verano, ¡siempre nos parece insuficiente!); pero vosotros lo pasasteis muy bien conociendo gentes y paisajes nuevos. Dácil, te lesionaste, pero ya estás totalmente recuperada.

3._ Tía Irene, en la celebración de las Bodas de Oro de Tere y Eugenio, amigos de los abuelos, se encontró con Gonzalo, congeniaron y siguen juntos y todos nos alegramos al ver a la tía contenta.

4._ También hemos tenido algún mal momento, queridos nietos, pero sólo ha sido un paréntesis y así quiero que lo veáis: la abuela se cayó en la acera, al salir del jardín, y se hizo una pequeña fractura en la columna, en las lumbares. Después de los cuidados médicos y del abuelo, de la paciencia de la abuela y los ejercicios de rehabilitación, vuestra abuela se está recuperando satisfactoriamente.

5._ El Verano lo despedimos toda la familia junta, (menos Mine que adelantó su viaje de vuelta a Canarias, por acontecimiento familiar ineludible), en nuestra casa de Colmenarejo, rodeados de un montón de amigos, todos vestidos de blanco para la ocasión. Organizamos una fiesta a la abuela, con tintes ibicencos, por su 70 Cumpleaños, con diversidad de comida típica y amenizada por un DJ con música de la década de los 60/70. En la fiesta, que se prolongó hasta la media noche, hubo un buen «rollo». Vinieron prácticamente todos los amigos de la abuela, los tíos de Alcobendas y de Aranda, sus primas de Aravaca y Málaga… estuvieron todos. Simón, tú estuviste a punto de caer a la piscina ¡estabais desatados! pero muy guapos y simpáticos. Por la noche caísteis rendidos en la cama y, al día siguiente, mis niños volaron a Canarias.

Veis, siempre hay momentos y motivos para comunicarnos a través de nuestro blog. Tenemos que ser capaces de vencer la pereza. ¡Hasta la próxima, amores!

» Vuelva usted mañana»

Queridos Simón, Dácil, Myriam y Diego: Hoy he acompañado a vuestra abuela Pilar a «Servicios Sociales» de la Comunidad de Madrid, donde teníamos una cita desde hacía 20 días, para tratar de gestionar una ayuda que alivie y mejore la vejez de la yaya Elvira. Podéis suponer acertadamente que nuestras gestiones han tenido resultado negativo.

Alucinados hemos asistido, mientras esperábamos a que nos atendieran, a la siguiente escena: Un viejecito, en silla de ruedas, acompañado de su cuidadora, acudía a una entrevista con la Asistente social fijada desde hacía unos 30 días. Discutían en el mostrador con el funcionario de turno porque no le querían atender; se le había la hora de la cita; eran las 10,30 y la cita estaba fijada para las 10,00 hh. El viejecito no decía nada, pero el cabreo de la cuidadora era monumental. A la cuidadora no le sirvió de nada. «Tiene ud. que esperar a ser citada de nuevo», decía el funcionario, y de ahí no se apeaba.

La abuela y yo nos miramos alucinados. No podíamos creer lo que estábamos viendo. Recordamos el «vuelva ud. mañana» de Mariano José de Larra. La vejación del ciudadano se estaba produciendo delante de nuestras narices, en pleno siglo XXI; pero Mariano José de Larra fue un periodista, crítico satírico, escritor costumbrista que plasmó la vida del ciudadano español de la primera mitad del siglo XIX en la que vivió.

Habían pasado casi 200 años y ¡seguíamos igual!. Al ciudadano se le sigue maltratando, se le sigue vejando. En plena democracia, en el siglo XXI, al ciudadano se le sigue tratando no como tal sino como súbdito. Yo, os confieso con vergüenza, debería haberme levantado para increpar educadamente al funcionario y defender al pobre viejecito herido en su amor propio y en sus derechos.

Vosotros, sed valientes, no os resignéis y exigid con razones vuestros derechos como personas, como ciudadanos. Trabajad para que los derechos que la democracia reconoce en las leyes al ciudadano, se reflejen en la calle, pasen a ser parte viva de las relaciones sociales.

La familia

Son las 7 de la mañana. Aunque la cama es muy cómoda y vuestra abuela duerme plácidamente, yo no tengo sueño. Decido levantarme

Desde la terraza de nuestro apartamento de Benidorm veo desperezarse el sol sobre el mar tranquilo. La ciudad duerme. Todo es sosiego, nadie deambula por la calle, sólo una gaviota rompe el silencio con sus graznidos, intentando penetrar en la terraza a través de los cristales impolutos.

Estamos, queridos nietos, en el Jueves Santo del año 2023, el día del amor fraterno, «amaos los unos a los otros, como Yo os he amado». Hay que procurar cumplir este mandato de Jesús como si se dirigiera personalmente a cada uno de nosotros.

Este año, estamos pasando estos días de descanso «cada mochuelo en un olivo distinto»: La yaya se ha quedado en su Madrid del alma, disfrutando de su aburrimiento habitual. Los abuelos se han desplazado al Levante a guardar debidamente su casita de Benidorm, mientras esperan a tía Irene, tomando el sol en la playa. Deseosos estamos de disfrutar, los tres juntos, de estos días de vacaciones tan merecidos, sobre todo, por tía Irene que ha trabajado en su clínica hasta el miércoles. Simón y los papás están tranquilos, espero, en la sierra de Madrid, en nuestra casa de Colmenarejo, haciendo «caminatas» al embalse en bici y a veces con Rita. Simón, de vez en cuando, mata el tiempo metiendo golazos a su «papi» con la pierna mala incluso. Y Quique y familia, en el pirineo aragonés, disfrutando de la compañía de sus amigos maños. ¡Cada mochuelo, en olivares distintos!

Lo fundamental de la familia no es estar todos «juntitos» como las cerezas en una cesta. Si bien es cierto que el roce hace el cariño, que crea familia, lo importante es echarnos de menos, sentirnos cercanos en la lejanía, estar «ahí» siempre que nos necesitemos, sin necesidad de pedir «auxilio», descubriendo a través del amor las necesidades, las ausencias del otro.

Mis queridos Diego, Myriam, Dácil y Simón, si algún día os sentís solos, acudid a la familia; la familia es nuestra mejor amiga, la más fiel, la más desinteresada, la que nunca nos abandona, la que mejor nos comprende, la que más y mejor nos debiera conocer, la que a veces nos regaña…

Dentro de unos días nos reencontraremos en Madrid, si Dios quiere, y seguro que extrañaremos a los ausentes, pero sabiendo que los lazos cruzan los mares, las distancias, y consiguen mantener unida a la familia.

Un beso fuerte, queridos nietos. Un beso enorme, querida familia.

El día del padre

Permitidme, mis queridos nietos, que hoy tenga una breve conversación con mis hijos, con vuestros padres, aprovechando que hoy es su día, que celebramos nuestro día.

Espero que mis nietos hayan contribuido, a que disfrutéis sin límites de su compañía. Deseo que os sigan obsequiando con el regalo de su cariño desinteresado.

Con la figura de un padre los hijos se garantizan la realidad de un amigo; pero un amigo de verdad, un amigo para «las duras y para las maduras» . No un «colega», sino un guía, un referente, una ayuda, a veces un escudo y siempre un estímulo.

Los padres, queridos hijos, tenemos ante nosotros el gran reto de no defraudar a nuestros hijos, de no desfallecer ante las dificultades que a veces nos agobian en el camino de su educación. Pero es fácil «tirar la toalla», sobre todo cuando los resultados se resisten a pesar de nuestros esfuerzos.

Queremos, con frecuencia, que nuestros hijos sigan en su comportamiento unas pautas establecidas, que compartan nuestros propios criterios… Pero los hijos tienen vida propia, acumulan experiencias personales que van cincelando sus criterios propios… y ¡tenemos que felicitarnos de que sea así! porque ello significa que van adquiriendo su personalidad, su «yo» individual que tanto les va a ayudar en su vida personal y profesional.

Creo que los padres, para equivocarnos lo menos posible, tenemos que recurrir al espejo retrovisor de nuestra vida. Seguro que si buceamos en nuestra niñez, en nuestra adolescencia y juventud, cuando enfrentamos un reto con nuestros hijos, encontramos la solución al desafío.

Para cualquier contratiempo, sea difícil o leve, el mejor remedio que conozco es el amor.

Os quiero y os deseo un «FELIZ DÍA DEL PADRE».

La ilusión de vivir

Buenos días: Desde el 7 de Diciembre del año 2022, mi blog no te había saludado, mi querido Simón, tampoco a tus primos. Y, no es que no hayan ocurrido cosas: celebramos la Navidad todos juntos en Colmenarejo, viniendo la familia de Canarias, fuisteis a pasar el carnaval en febrero al Hierro, pasando por las Palmas y Tenerife, han pasado muchas cosas para comentar… es que yo no encontraba momento para sentarme y entablar una conversación con vosotros sobre cualquier cosa.

A veces no es lo más importante la materia sobre la que versa la conversación. Lo importante es hablar, intercambiar ideas, saludarnos, decirnos que estamos aquí, que nos necesitamos, que nos queremos. Sentir que alguien se interesa por nuestras cosas, saber que importamos a alguien.

Esta mañana me he levantado muy temprano. El sol se colaba por la ventana de mi habitación, saludándome con delicadeza. Perezosamente me he ido despertando, ayudado por el revoloteo de unos pájaros en el jardín. ¡Ya está aquí la Primavera! De pronto me he puesto contento. La Primavera me gusta, me da alegría. Es siempre el comienzo de algo, la naturaleza se despierta: las flores, los árboles, los campos, los animales…la vida.

Me ha invadido un deseo inmenso de levantarme, de comenzar el día con ilusión, de preparar el desayuno, de deciros, desde nuestro blog, que os quiero. Así me gustaría levantarme todos los días, convencido de que cada día es único, con bonitas sorpresas por descubrir. Así me gustaría que fueran todos los días de vuestra vida. Hay que empeñarse en ser felices, en renovar cada día la ilusión, porque siempre, después del invierno, llega la Primavera, la vida, el inicio de algo sorprendente.

La Primavera nos tiene que pillar como a la naturaleza, preparados para florecer. Nos tiene que encontrar levantados, de pié, listos para salir a caminar, a vivir… porque, ¡queridos nietos!, si estamos vivos ¡tenemos que vivir! y aprovechar cada momento que la vida nos regala.

Original / fotocopia

Aquí está vuestro abuelo, delante del ordenador, queriendo deciros algo que os sirva para vuestra vida y no encontrando las palabras adecuadas.

Os confieso, queridos nietos, que con frecuencia me sucede que, intentando ser original en mis ideas, en mi vida, la imposibilidad de serlo me paraliza, me bloquea y me deja sin palabras.

Y es que no me gustan las fotocopias. Tiendo al original más que a las imitaciones.

Deseo que vosotros: Diego, Myriam, Dácil y Simón os esforcéis en ser vosotros mismos, con vuestro nombre y apellidos, con vuestra personalidad, con vuestras circunstancias que siempre son individuales.

Me gustaría que no fuerais fotocopia de nada ni de nadie. Las fotocopias se difuminan. El original es auténtico, de verdad, con fuerza. Claro que siempre es más difícil ser un original que una fotocopia…pero ¡merece la pena! Cuando solamente hacemos lo que hacen los demás, cuando somos mera fotocopia, no tenemos oposición, no tenemos crítica.

Tened claro, no obstante, que vuestro original ha de estar bien fundamentado, tiene que estar sostenido por buenos cimientos, por principios sólidos, rectos, coherentes, humanamente solidarios.

¡Hasta pronto! mis queridos originales.

» Nenes, vosotros valeis mucho «

Queridos nietos: cuando yo era un joven estudiante, inquieto y un poco rebelde, me entusiasmó un tratado sobre el comportamiento humano , que leí. Se trataba de una obra: «Ética a Nicómaco» que Aristóteles, un filósofo griego del s. IV a.c dedicó a su hijo Nicómaco. Después, ya en la década de los 90 del s.XX, leí «Ética para Amador» que el filósofo Fernando Savater dedicó a su hijo. Se trata de dos programas del comportamiento humano muy completos y prácticos y que ayudan a ajustar las acciones humanas en relación con uno mismo y con los demás.

Yo no pretendo tanto. Me conformo con daros unas pinceladas que puedan serviros, que puedan orientaros.

Lo primero que quiero transmitiros es que seáis y que os comportéis como niños, que no pretendáis ser mayores antes de tiempo, ¡todo a su debido tiempo! Los mayores, a menudo, tratamos de justificarnos sin asumir las consecuencias de nuestros actos y éste es un mal comienzo, así no rectificaremos, seguiremos equivocándonos.

Vosotros asumid que, a veces, os equivocáis, que os portáis mal. Daros cuenta de vuestros errores, es la mejor forma de enmendarlos, de cambiar, de crecer como personas. Tenéis que saber que todos nos equivocamos, también vosotros. El problema no está en equivocarse, en portarse mal ( «equivocarse es humano» ), el problema está en no intentar cambiar, en no rectificar, en no aprender de los errores.

Tened paciencia, no se cambia de repente; pero caminad siempre hacia adelante, siendo cada día mejores personas. Trabajad vuestras cualidades, que tenéis muchas y limad vuestros defectos, que no son tantos. Recordad que vosotros valéis mucho.

Desde Disneyland París con amor (VIII)

Viernes 15.- ¡Último día en Francia todos juntos! Teníamos que aprovecharlo bien. Desayunamos, recogimos las habitaciones y, a las 10, ya estábamos cogiendo el cercanías que nos llevaría a París para, en metro, acercarnos al Museo de Orsay.

Salimos del metro en la parada de la Ópera y decidimos hacer el trayecto andando, empapándonos de París. Admiramos la armonía de la plaza de la Ópera y la nobleza de sus palacios. Por la elegante calle Vendôme, salpicada de tiendas exclusivas, llegamos a la Plaza Vendôme ¡Una maravilla! Llama la atención la armonía y la belleza de sus edificios. Estábamos en el corazón del París noble. Cruzamos las Tullerías, el gran Parque a orillas del Sena. La gente disfrutaba todavía de la Fiesta Nacional en las casetas de feria, los toboganes, los pequeños carruseles… Los niños aprovecharon la ocasión para disfrutar del tobogán gigante. Nos recordó al Parque del Retiro de Madrid.

Atravesamos el Sena por el puente de Orsay y entramos en el Museo. Es un gran edificio situado enfrente del Louvre. Antaño fue una estación de tren de la Compañía de Ferrocarriles Orleans hasta que, en 1977, se tomó la acertada decisión de dedicarla a museo, aunque no se inauguró hasta el 1986 por Mitterrand, convirtiendo así un centro de acercamiento de distancias, en una corriente constante de cultura.

La visita nos resultó interesantísima, a los niños un poco pesada. Es un templo del Impresionismo, pero no sólo. Pudimos disfrutar: «Desayuno sobre la hierba» de E. Manet, «El origen del mundo» de Courbet, el «Autorretrato» de Van Googh o el «Baile en el molino de la Galette» de Renoir… Además de contemplar obras de Gauguin, Toulouse-Lautrec… nos asomamos a la pintura de los Nuevos Impresionistas, sin detenernos demasiado en su contemplación porque no teníamos tiempo. Su sección de escultura también es muy interesante. Hay obras de Rodin y de Degas, entre otros artistas y casi pudimos tocar, con mucho respeto, al Pensador. Visitamos también, entre las exposiciones temporales, la dedicada a Gaudí. Ya nos íbamos cansando, sobre todo los niños. Llenos de arte y de belleza, a las 14,00hh, dejamos el Museo.

Volvimos sobre nuestros pasos. Cruzamos el Sena y paseamos por el jardín de las Tullerías, buscando un lugar adecuado para comer. Encontramos una mesa y cada cual cogió su silla de entre las muchísimas que hay regadas por el Parque. Después de comer tranquilamente, descansamos un buen rato tomando cafés y helados que compramos en un quiosco cercano.

Recobradas las fuerzas, nos fuimos andando hacia la Torre Eiffel. Pasamos por delante del edificio de la Asamblea Nacional, cruzamos la plaza del Obelisco y enfilamos resueltos, cruzando los Campos Elíseos. La Gran Dama se nos mostró en todo su esplendor, aunque en su base, la gente incívica había abandonado bastante suciedad. Después de una larga sesión de fotos, de refrescarnos en la fuente y de volver a admirar la Torre Eiffel, deleitándonos al mismo tiempo con la melodía de un músico callejero, cruzamos el Campo de Marte y nos metimos en el metro que nos llevaría al archiconocido cercanías. A las 10, cansados pero muy satisfechos, ya estábamos en nuestra casa de Esbly.

Encargamos unas pizzas para cenar. La cena estuvo muy animada. Los niños improvisaron una velada muy original: recitaron, cantaron… y cerraron su actuación con un «adiós con el corazón» muy entonado y sentido. Mañana, cada cual a su destino: Javi, Christian y Simón saldrían para Alemania. Quique y familia para Bélgica, a encontrarse con sus amigos Sofía y familia y nosotros con Irene, hacia nuestra casa de Colmenarejo.

Desde Disneyland París con amor (VII)

Jueves 14.- Muy temprano tocó diana en nuestra casa rural. Todos nos levantamos sin pereza y con hambre. Enseguida descubrimos que faltaban «elementos» para el desayuno. Javi y yo nos fuimos a comprar el pan para los bocadillos del día a la panadería del pueblo regentada por una simpática y eficiente peruana, y ya, de paso, cogimos algo para acompañar el café. Previamente habíamos visitado el mercadillo, donde compramos algunas cosas que nos faltaban.

Todo estaba cerrado, el pueblo dormía. Era 14 de julio, ¡día de la Fiesta nacional de Francia! y todo el mundo lo festejaba, cada cual a su manera.

Desayunamos muy abundantemente y, después de pertrecharnos de las viandas del día… ¡cada mochuelo a su coche!, los abuelos, Simón y sus papás con dirección a Chantilly y el resto a terminar de ver las atracciones de Walt Disney Studios en el Parque Disneyland

El viaje se nos hizo corto y muy agradable. Enseguida nos sorprendió el Gran Cható, en medio de una campiña y rodeado de agua. Decidimos visitar el pueblo y ¡tuvimos suerte!, aparcando muy cómodamente. El recorrido por el pueblo nos descubrió una reata de caballos con sus jinetes que venían de entrenar del hipódromo. (Chantilly es famoso, entre otras cosas, por sus carreras de caballos). Simón estaba encantado, los caballos le vuelven loco. Vimos los edificios más importantes del pueblo: la Escuela de equitación, el Pequeño Cható, el hipódromo… y, por la calle principal, salimos, a través de un arco, al recinto del Gran Cható ¡imponente!, situado en un enclave idílico: mucha vegetación, árboles, césped, estanques, bandadas de patos descansando… ¡una maravilla! Vimos una exposición en el edificio de acceso a la finca, donde sacamos las entradas que nos permitían pasar el día visitando la campiña que rodea el Cható.

Simón quería jugar. Le cansamos un poco y enseguida nos fuimos a un lugar, con mesas y bancos, ideal para comernos los bocatas. Descansamos un buen rato; tratamos de echar una pequeña siesta. Una vez repuestos, elegimos la ruta más corta y paseamos por delante del Castillo que lucía precioso rodeado de agua cuajada de nenúfares. Descubrimos en el agua, junto a los patos y sus nidos flotantes, muchos de ellos, con patitos, una nutria. Paseamos a la sombra de árboles centenarios. Cansados ya, decidimos ir hacia el coche; pero antes quisimos probar la crema «chantilly» en un bar del pueblo; tomamos reposadamente café, crepes y helado.

Cogimos el coche, Simón se durmió. Para hacer tiempo y evitar que se despertara, nos fuimos a visitar Meaux, capital de la región. Pocas cosas que destacar. Es Sede episcopal, pero su catedral, grande pero muy deteriorada, el castillo y sus murallas muy mal conservadas. A destacar en positivo que, en su interior, tiene lugar un festival de música.. Visitamos la playa fluvial, repleta de gente, con su arena artificial y sus tenderetes. Es curioso. La gente del lugar ha traído el mar al pueblo. Es la playa de Meaux y alrededores, en el río Marne. Desde la playa deseamos un feliz verano al padre de Christian.

Simón se despertó. Cogimos el coche y ¡directos a Esbly!. Pedimos unas pizas y esperamos al resto del grupo un poco preocupados porque Christian, Javi y la abuela presentaban leves síntomas de covid. El resto del grupo vino encantado y medio mareado de las atracciones tan brutales de las que habían disfrutado y a veces sufrido: en Pixar montaron en los Cars, vieron a Rayo Macqueen, espectaculares musicales repasando las producciones más famosas de Disney Studios: Frozen, Stitzh virtual y el Mago Mickey; Ascensor fantasma, Atracción de Nemo (fueron los más rápidos), Ratatoville en 3d, Alfombras voladoras, Paracaídas y recorrido por la ciudad de Cars con el autobús en llamas. Terminada la cena…¡a descansar!. Mañana nos esperaba un día también intenso en París.

Desde Disneyland París con amor (VI)

Miércoles 13 .- Nos levantamos temprano. Los niños estaban bastante excitados, íbamos a pasar todo el día en Disney y las emociones podían ser muchas al encontrarse cara a cara con sus personajes favoritos. Desayunamos a buen ritmo. Después todos, como hormigas, nos pusimos a preparar una buena cantidad de bocadillos y frutas variadas. Nos aprovisionamos de agua (aunque en el recinto encontraríamos grifos por doquier), teníamos que llevar avituallamiento máximo para pasar todo un día en el parque. Cogimos los coches y, en menos de media hora, estábamos a las puertas del Parque Disney. Queríamos aprovechar el tiempo al máximo. Los niños localizaron de inmediato las barreras que hay que flanquear para entrar, «otro peaje, abuelo». Pagamos nuestro peaje para poder aparcar los coches en el recinto.

Conviene hablar francés pero no es necesario. Lo que es imprescindible es llevar preparada una buena cartera. Todo está muy ordenado. El personal de seguridad te va llevando hacia tu lugar de aparcamiento y las colas se van disolviendo en un pis-pas. Las calles del aparcamiento están identificadas con personajes de Disney: Ariel, Campanilla, Dumbo, Donald, Daisy, Goofy, Mickey, Minnie, Peter Pan… a nosotros nos situaron en la 19 de Bambi.

Nos dejamos llevar por la marea de gente que caminaba en nuestra misma dirección. En un momento, nos encontramos inmersos en el universo Disney, se respiraba magia, imaginación desbordada. Diego, apoyándose en un folleto publicitario y en su madre, nos organizó el recorrido. «Teníamos que disfrutar de muchas atracciones en un día y era imprescindible una estricta organización», decía.

Asistimos a nuestro primer desfile: carroza, personajes y música de Disney. Cada hora, aproximadamente, se producen vistosos desfiles. Para situarnos, lo primero que hicimos fue montarnos en un tren que circunvalaba todo el parque, dándonos una visión general: Castillo de la Bella durmiente, pabellones de la mina, de los piratas, de Star Wars, montaña rusa…etc.

Dejamos el tren y, moviéndonos al ritmo de la música, acompañamos a un desfile de personajes de Disney hasta encontrarnos con el Laberinto. ¡ No había forma de dar con la salida! Por fin, directamente, nos colamos en la torre del Castillo de la Bella durmiente. Desde sus almenas contemplamos la marea de gente que inundaba el Parque. El calor era sofocante. Después de hacer pacientemente las colas de rigor, montamos en las «tazas locas». Todos disfrutamos como niños. Tomamos aire y Diego nos dirigió hacia un lugar más fresco: la Cueva del dragón ¡hiperrealista!

Fresquitos, nos dispusimos a buscar un lugar idóneo para comer. Sacamos los bocatas y los devoramos en un «santiamen». Diego nos apremiaba; no había tiempo que perder y esta era la hora idónea para disfrutar de las atracciones sin guardar demasiadas colas. Montamos en el Tren de los Piratas ¡fantástico». Hicimos la gamberrada de mojar a los pasajeros cuando intuimos que nadie nos veía. Disfrutamos tensionados el Tren de la Mina. Montamos en la Montaña rusa, gritando como energúmenos. También en el Ascensor de Phanton-Manor, donde todo funcionaba de forma irreal y entramos por los pelos en el Teatro donde asistimos a un espectáculo maravilloso del Rey León. ¡Qué vestuario!, ¡qué acrobacias! La música y sus intérpretes sencillamente inolvidables. Un fabuloso espectáculo de gran belleza plástica. Más de uno terminó emocionado.

Simón estaba cansado de tantas emociones. Mientras los demás siguieron incansables visitando atracciones, los abuelos, Simón y sus papás decidimos pisar el freno y reponer fuerzas con unos bocatas. Después de un breve descanso, Simón echaba en falta a sus primos, así que se fueron a su encuentro. Los abuelos estábamos un poco cansados y optamos por sentarnos a tomar una cerveza en la plaza, junto al Castillo. ¡Gran decisión!.

Al poco tiempo nos encontramos todos. Mientras los más arriesgados sufrían en la montaña rusa de Star Wars, con tirabuzones imposibles en la oscuridad, nosotros nos fuimos con Simón a montar en los aviones. Después de comer, todos juntos, las últimas viandas del día en un quiosco del parque, nos situamos en un sitio estratégico para asistir a una de las atracciones más esperadas: los fuegos artificiales.

Se hicieron de rogar. En el recinto no cabía un alfiler. Todos estábamos expectantes. De pronto, drones comenzaron a sobrevolar el Castillo de la Bella durmiente que lucía espléndido, cambiando constantemente de color. Mediante piruetas arriesgadas, dibujaban en el cielo el número 30, festejando el 30 aniversario del parque Disney-París, haciendo, al mismo tiempo, un guiño a las orejas de Mickey. Chorros de agua se alzaban majestuosos hasta el infinito, mientras sonaba la megafonía con las canciones más conocidas del mundo Disney. Sobre el Castillo se iban proyectando, al mismo tiempo, personajes y escenas de las películas Disney. Estábamos asistiendo a un espectáculo de agua, luz y sonido extraordinario, con una originalidad, al menos para nosotros: la incorporación de llamaradas, subiendo al cielo de París, con fuego real, del que quema y calienta.

Los fuegos se alargaron más de media hora, pero la gente seguía hipnotizada. Los bombazos finales sonaron y a las 24hh marchamos a recoger los coches entre una marea humana ingente; pero a la una de la mañana ya estábamos durmiendo en nuestra casa de Esblit. ¡Hasta mañana!