Estos días, vuestro abuelo, anda bastante obsesionado con la invasión del pueblo ucraniano por parte de Putin. Y digo Putin conscientemente porque, no son los rusos quienes están invadiendo Ucrania, sino Putin y su entorno ideológico, dictatorial y anexionista.
Esta mañana, al despertarme, me he descubierto pensando: Qué difícil resulta llevar al ánimo de los niños la idea de que los abusos hay que desterrarlos de sus relaciones cotidianas en el ámbito escolar, familiar, de amistad…; de que hay que respetar a las personas, las normas de convivencia, la libertad del otro… Y resulta aún más difícil cuando los adultos, para resolver los conflictos que irremediablemente surgen en nuestras relaciones, recurrimos a la fuerza. ¡Qué incongruencia! ¡qué mal ejemplo!
Putin, en esta invasión, no sólo persigue ganarla: quiere arrasar a todo un pueblo, imponer su superioridad, su voluntad política por la fuerza. Sus armas son sus razones. ¡ Cómo me gustaría vivir en un mundo libre de armas de destrucción masiva!, un mundo más civilizado. Espero que vosotros, más inteligentes que nuestra generación, lo consigais, queridos.
Me vienen a mis recuerdos, unos versos que aprendí de muy niño, cuando empecé a conocer las letras en un libro que yo identificaba entonces como » Paramijo » ( para mi hijo ):
Dame pronto mi caballo, mi caballo de cartón,
voy a matar a la bruja, a los duendes y al dragón
que tienen aprisionada a la princesa Mariló,
en un castillo sombrío donde no hay aire ni sol.
» Dame pronto mi caballo, mi caballo de cartón»



Por fin estoy aquí, después de tantos meses de pandemia en los que me he sentido ausente, apático, como perdido, sin objetivos, suspendido en el vacío, seco por dentro y por fuera. Los años se me han venido encima, soy un pobre viejo prematuro. Estoy descubriéndome arrugas también en el alma.