El día siguiente

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¡Hay que ver que día más largo el día siguiente a cualquier acontecimiento importante! Me estoy refiriendo a las elecciones del día 24 de Mayo; aún no ha acabado el día siguiente.

Se nos ha dicho machaconamente que el día más importante para un ciudadano de una sociedad democrática es el día en el que, con su voto, decide por mayoría quién quiere que le gobierne durante un periodo de tiempo constitucionalmente establecido. Y ¡es cierto!, pero no es menos cierto que esa fuerza del voto, que debería estar en manos de los ciudadanos, pasa con gran facilidad a manos de los políticos, diseñando cambalaches a su medida, apañando acuerdos que les proporcionen prebendas. ¡Eso sí! disfrazado todo ello de progresismo y bondades sin fin para el pueblo, «todo para el pueblo pero sin el pueblo».

A lo largo de este larguísimo día siguiente al 24 de Mayo, sentado ante el televisor, he llegado a creerme que quien había perdido las elecciones había sido el Partido Popular, ¡hasta tal punto las noticias periodísticas, sobre un acontecimiento tan decisivo, eran interesadamente confusas! La verdad objetiva es que las elecciones autonómicas y locales del 24 de Mayo en España las ha ganado el Partido Popular. Es cierto que con una pérdida importantísima de votos, explicable, por otra parte, si tenemos en cuenta que el PP venía de una situación atípica anterior, acumulando un poder casi absoluto. Además, al estar en el poder, es el único partido que ha acusado necesariamente el desgaste de decisiones dolorosas en una situación de crisis. También la corrupción ha pesado sobre manera en estas elecciones, si bien este desgaste ha sido mucho menor en otros partidos que también tienen entre sus miembros muchos corruptos.

A pesar de todo, el Partido Popular ha ganado las elecciones y quienes las han perdido han sido: el Partido Socialista, que saca pecho como si las hubiera ganado y ha obtenido el peor resultado posible; IU, que prácticamente ha desaparecido; Ciudadanos, que no acaba de cubrir las expectativas; y Podemos, que está muy lejos de convertirse en alternativa por sí sólo. Ésta es la verdad que debió quedar meridianamente clara en el larguísimo día siguiente a las elecciones y no quedó. Esta es una grave responsabilidad de los medios de comunicación.

Pero la democracia hace posible la cuadratura del círculo, esto es: conseguir gestionar las Instituciones sin haber ganado las elecciones, mediante esos cambalaches del día siguiente, sin respetar la lista más votada. Los políticos interesados lanzan la especie de que los ciudadanos han dicho claramente que quieren un giro a la izquierda, un giro de progreso, un cambio de sistema… Yo no lo tengo nada claro: los votantes del PSOE no apoyan a Podemos, si así fuera los hubieran votado directamente. Tampoco lo tienen claro los socialistas que cuestionan abiertamente o en privado la estrategia suicida de su líder Pedro Sánchez. Lo mismo podríamos decir de los votantes del PP respecto de Ciudadanos. Los ciudadanos dicen lo que dicen expresamente con su voto, no caben interpretaciones y menos interesadas.

¡Qué fácil es secuestrar la voluntad del ciudadano! A mí, que suelo hablar muy clarito, soy de mi tierra, soy burgalés… me gustaría saber con seguridad la voluntad expresada por los ciudadanos y ¡existen fórmulas!. Si no se da mayoría absoluta y si no se respeta la lista más votada, ¡vayamos a la segunda vuelta y que hable el pueblo!

Resaca – Elecciones

Fuente: EFE

Fuente: EFE

Desde hace tiempo tiendo a analizar los acontecimientos con la perspectiva que te da la distancia. En mis tiempos mozos, solía opinar de todo, casi siempre en caliente y con frecuencia me equivocaba. Ahora también me equivoco, pero me he vuelto más reservón.

Ya han pasado 20 días de las elecciones andaluzas. En la noche del 22 de marzo prácticamente ningún partido de los que concurrían se sentía perdedor, excepto PP e Izquierda Unida. Y, por supuesto, todos habían hecho una campaña magnífica. Pero los datos son los que son y ésa es la única realidad válida y no lo que piense cada partido.

Las elecciones andaluzas las ha ganado el Partido Socialista, con 47 escaños, muy lejos de los 55 que supondrían la mayoría absoluta. Ha repetido los escaños que obtuvo en las anteriores elecciones, pero perdiendo un buen número de votos. Por tanto, el objetivo que al parecer se marcó Susana Díaz para adelantar las elecciones no se ha conseguido. El mapa político andaluz no se ha clarificado, sigue necesitando Susana de pactos para poder gobernar y lo sigue teniendo difícil, ya que las líneas rojas de la corrupción y la lista más votada que le marcan Podemos, Ciudadanos y PP parece que no está dispuesta a asumirlas.

¡Qué distinto es el político en campaña del político que baja a la arena día a día! Yo creo que no debería ser tan difícil encontrar políticos coherentes, que en todo momento mantienen firmemente sus principios. Todos los políticos deberían coincidir en algo fundamental: en la política no caben no sólo los corruptos condenados como tales, sino incluso aquéllos sobre los que planea la sospecha de corrupción. No asumir esto por Susana Díaz, que es tan elemental, tan de sentido común, y perderse en disquisiciones filosófico-jurídicas debería suponer su incapacitación para asumir la presidencia de la Junta, por más que se presente en vaqueros (como digna hija de fontanero, como si los demás fuéramos hijos del viento), rodeada cual faraona de su cohorte de aduladores. La corrupción no se combate con un discurso populista, sino con hechos.

En cuanto a la segunda línea roja, debería establecerse por ley, o al menos por consenso de los partidos, que en todos los supuestos la primera en intentar formar gobierno debería ser la lista más votada, por respeto a los votantes.

En el escenario andaluz, se ha escenificado con bastantes matices lo que puede suceder en las generales de finales de este año. Un ascenso progresivo de Ciudadanos, por su posicionamiento claro frente a la corrupción y su manera nada navajera pero firme de hacer política. Un estancamiento de Podemos, claramente por debajo de sus expectativas en las andaluzas, fundamentalmente debido a sus contradicciones en materia de corrupción (una cosa es predicar y otra muy distinta dar trigo) y a su poca claridad en la presentación de sus intenciones políticas. Una caída de Izquierda Unida, porque no consigue aglutinar a las fuerzas de izquierda en la política española. Le han quitado la bandera de la izquierda. Un descenso significativo del PSOE, porque sigue estando en tierra de nadie. Y una subida del PP, debido fundamentalmente a los vientos de la economía que soplan a favor y éste es un factor decisivo en unas elecciones generales.