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No me resigno; no acepto que la hipocresía sea un mal necesario en la vida de nuestra sociedad; me rebelo contra la hipocresía de nuestros legisladores.
Estamos viviendo en una sociedad en la que se nos regula absolutamente todo, en la que el terreno de la libertad personal queda cada día más y más reducido. Se nos regula el ocio, se nos dice cómo y qué tenemos que hacer para vivir una vida saludable, se nos regulan las relaciones personales… Y en aquellos ámbitos en los que existe vacío legal, aparece la todopoderosa publicidad para marcarnos las pautas de nuestra actuación, cuando no nos violenta nuestra libertad con malas artes, piénsese en la publicidad subliminal.
En mis tiempos de estudiante de Sociología, consciente de la manipulación tan brutal que suponía la publicidad y para intentar minimizar en lo posible el impacto de la publicidad en mi forma de comportarme socialmente, adopté un principio de actuación: «Hacer lo contrario de lo que me proponía la publicidad». Hoy, con la sabiduría que te da la vida, estoy tentado a adoptar el mismo principio, adaptándolo: «Analizar en profundidad lo que se me regula y, en consecuencia, cumplirlo o no».
He descubierto, y no hay que ser un lince, la hipocresía obscena de nuestra sociedad y por ende de nuestras Instituciones, de nuestros políticos, reflejo de la propia sociedad. Los políticos siempre legislan teniendo muy presentes a los ciudadanos, protegiéndonos, para nuestro bien; pero, como decía Kant, creyendo que legislan para una sociedad con minoría de edad. Veamos un ejemplo: nuestros políticos han intentado proteger a los menores de edad, regulando pormenorizadamente su seguridad en los vehículos a motor, hasta tal punto que las familias numerosas o tienen dinero para comprarse un miniautobús y lo mismo los abuelos, o están condenados a ir andando a cualquier sitio.
Está muy bien proteger la seguridad de los menores en los vehículos particulares, pero los menores viajan en autobús, en tren, en avión, en barco…etc. y ahí la seguridad ya no está tan garantizada; parece que en estos ámbitos la seguridad no es tan prioritaria para el legislador. Es prioritario proteger la vida del menor; pero ¿qué hacen los políticos con la salud de nuestros menores?, ¿cómo los protegen del alcohol?, ¿y de la droga?, ¿y de los contenidos de la televisión y de los medios de comunicación? ¡Qué hipocresía más grande!
Todos los ámbitos de libertad tienen gran incidencia en la salud de los menores y en su formación y si se regulan unos, se regulan todos. ¿O es que a los políticos les interesa una sociedad anestesiada, carente de iniciativa, pegada a la «caja tonta», sin capacidad de reacción, una sociedad en minoría de edad?