Desde Escandinavia con amor (III)

SDC11288A las dos de la mañana me desperté. El sol dibujaba un cuadro de belleza indescriptible sobre el fiordo de Oslo. Repuse fuerzas con un breve sueño y un abundante desayuno. El autobús tomó rumbo a Bergen, teníamos por delante una maratón de 1.680 kilómetros por tierras noruegas y suecas hasta llegar a Estocolmo.

El trayecto de Oslo a Bergen fue sencillamente espectacular, un día de hielo y nieve: cruzamos lagos helados, atravesamos kilómetros y kilómetros de tierra nevada. El autobús se detuvo y bajamos a tirarnos unas bolas, disfrutamos como niños. En Madrid habíamos dejado temperaturas de 38ºC.

A medida que nos acercábamos a Bergen, siempre por preciosas carreteras nacionales (en Noruega no hay autopistas), el paisaje iba cambiando de blancos a verdes. Cuando el cansancio comenzaba a hacer mella en nosotros, la visión majestuosa de Bergen me cautivó.

SDC11298Bergen es una ciudad pequeña, limpia, colorida, entrañable; constituye la entrada por excelencia a los fiordos. Recostada entre los fiordos Hardanger y Soguefjord, está flanqueada por siete montañas. La huella hanseática es notable. Puedes perderte por sus calles, visitando el Bryggen, muelle medieval hanseático con sus casas únicas, Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO, justo al lado de su famoso mercado de pescado. Culturalmente, en Bergen se nota la huella de Ibsen y del gran compositor Edvard Grieg, hijos de la ciudad.

Dejamos Bergen, con el sentimiento de que nos hubiera gustado pasar más horas en la «ciudad entre las siete montañas», al mismo tiempo que varios cruceros comenzaban a desperezarse en el puerto buscando la entrada del fiordo que les llevara a mar abierto.

Nuestro autobús encontró el descanso en un pintoresco «hotel rural» al lado del fiordo. Por la mañana, después de cruzar el túnel más largo de Europa, enbarcamos para hacer un mini crucero por el «fiordo de los sueños». Es una experiencia única. Me llamó la atención las inumerables aldeas apostadas en sus orillas, las montañas altísimas que flanquean el fiordo, las inmensas cascadas que constantemente se precipitan en sus aguas y la paz que se respira en ese entorno. Tuve un sentimiento de pequeñez entre la inmensidad de la naturaleza.

SDC11316Antes de retirarnos a descansar, tuve la oportunidad de seguir sorprendiéndome con un viaje fantástico en el tren de Flam, una obra maestra de la ingeniería noruega. Es un recorrido inolvidable en un tren que serpentea ascendiendo por el interior de la montaña, desapareciendo y apareciendo en infinidad de pequeños túneles y llegando a alcanzar un desnivel de 865 metros. Las vistas son únicas: cascadas, montañas recortadas, valles, lagos con sus aldeas coloridas, ríos de aguas bravas. La parada que hace el tren para admirar la cascada de Kjos es un sueño; la música suave y la espuma de la gran cascada te envuelve y te invita a perderte siguiendo el canto hechizante de las hadas.

Con estos recuerdos me dormí esperando poder ver, al día siguiente, el sol de media noche.

Desde Escandinavia con amor (II)

SDC11226Después de las primeras indicaciones del guía, nos aposentamos en el hotel y salimos a conocer Oslo. Nuestro hotel estaba al pie del fiordo de la capital, de belleza impresionante y una longitud de cien kilómetros, por el que navegan trasatlánticos inmensos. Oslo es escala obligada, igual que Estocolmo, de numerosos cruceros.

Oslo es una ciudad pequeña, en la que te sitúas con bastante facilidad. Es una ciudad tranquila, nadie tiene prisa, todos disfrutan del entorno. Yo no diría que es una ciudad bella, pero sí interesante, diferente, abierta al mar. Abierta, sobre todo, al futuro entorno al edificio de la ópera y el ballet nacional, impresionante construcción moderna en mármol de Carrara, símbolo de la nueva Noruega, rica en petróleo y en gas.

Esta Noruega rica, con un nivel de vida altísimo, se dejaba ver paseando por Aker Brygge, el paseo del puerto, lugar de moda, plagado de restaurantes y cafeterías en los que una cerveza te puede costar 18 €. Este Oslo «nuevo rico», que tiene sus residencias en sobrios edificios en el Oeste de la ciudad, contrasta con el Oslo pobre, antes del petróleo y el gas, del que quedan unas cuantas casas humildes de madera situadas en una de sus colinas, testigos mudos del gran incendio que calcinó en el s.XIX gran parte de la ciudad. Desde entonces rige la prohibición de construir en madera a pesar de su riqueza forestal.

Resulta paradójico también que, a pesar de su riqueza en petróleo y en gas, quizá sea uno de los países más respetuosos con el medio ambiente y que más y mejor están desarrollando energías alternativas, comercializando y apoyando al máximo los vehículos eléctricos. Oslo es la capital menos contaminada del mundo.

SDC11276La ciudad antigua gira entorno a un plano de cruz latina. El trazo más largo está constituido por la c/ Karl Johans, calle peatonal por donde discurre la vida de la ciudad. En el extremo oeste se encuentra el Palacio Real, edificio majestuoso, integrado totalmente en la ciudad y rodeado de unos jardines por donde tranquilamente los ciudadanos pasean. En el extremo este se sitúa la Estación Central, recuperada para el ocio con bares modernos, y la Catedral luterana.

En el trazo transversal se sitúa en el extremo norte la Galería Nacional, que alberga, entre otras joyas, el grito de Edvard Munch; y en el extremo sur el Ayuntamiento, más interesante por dentro que por fuera. En la sala presidida por un gran mural, obra de Munch, tiene lugar la ceremonia de entrega del premio Nobel de la Paz.

SDC11275Disfruté muchísimo la tarde que dedicamos a visitar los museos de Oslo. En un entorno paradisíaco nos sumergimos en la vida vikinga, visitando el museo de los barcos vikingos y contemplando los restos de la reina Osa y todo su ajuar. Nos ayudó a entender aún más la vida vikinga la visita al museo folclórico, en el que admiramos una iglesia vikinga y una casa típica perfectamente conservadas. Dando un salto en la historia, visitamos el museo del barco polar «Fram», impresionante barco del explorador noruego Nansen. Se nos explicaron numerosos detalles de las tres expediciones realizadas por los exploradores noruegos en este famoso barco y vimos documentos sobre la exploración del Polo Norte y la Antártida. Admiramos también la recreación, en el barco, del fenómeno de las auroras boreales. Todo muy interesante.

SDC11254Los dos días intensos en Oslo se completaron con una visita al Parque Vigeland, una meditación profunda sobre la vida cincelada en granito que el escultor Gustaw Vigeland realizó durante toda su vida y que donó a la ciudad de Oslo. Todos los grupos escultóricos son de un realismo impresionante y todos, centrados en cada una de las etapas de la vida, transmiten una profunda enseñanza. Pero el misterio de la vida sigue aún sin resolverse.

Después de degustar los famosos bocadillos de Oslo, con su salmón y sus salazones, nos retiramos a nuestro hotel para descansar. Teníamos por delante unas jornadas muy interesantes. Eran las 23h y seguía siendo de día. Nos estábamos acercando al solsticio de verano.

Desde Escandinavia con amor (I)

fiordos-de-noruegaA las 7 de la mañana del 21 de junio, puntuales como un reloj suizo, nos reunimos en el aeropuerto Adolfo Suárez de Madrid un grupo de 46 personas, entradas en los 60, cargadas de ilusiones, con muchas ganas de pasarlo bien. No nos conocíamos, salvo los amiguetes que suelen viajar juntos, pero poco a poco fuimos interactuando y, con algunos, hasta conectando.

Distrayendo, cada cual como podía, los nervios del vuelo, nos encontramos sentados en un Boeing 737 de la compañía Norwegian que a las 9 despegaba rumbo a Oslo. La mañana era preciosa, con un sol espléndido, y mientras el avión ascendía mi imaginación voló con él; recordé el verdadero pretexto de mi viaje: habían pasado 40 años desde que decidimos emprender juntos el viaje de la vida. ¡Cuántas vivencias! ¡Cuántas alegrías! ¡Cuántas tristezas! ¡Cuánta gente querida se ha ido quedando por el camino! Así es la vida, una línea continua que hay que vivir, un libro en blanco que hay que escribir. Esa compañera de viaje, que siente pánico a volar, estaba sentada a mi lado sorprendentemente tranquila. Nos miramos y comprendimos que el viaje iba a ser un éxito, que íbamos a disfrutar. Decidimos que nos lo merecíamos.

Casi sin darnos cuenta, entre sudoku y sudoku, entre cabezada y cabezada, el avión sobrevolaba Noruega. ¡Qué maravilla de mosaico! Todo ordenado, todo verde y azul, ¡cuánta agua! A vista de pájaro es lo que más sorprende, ¡fiordos y más fiordos, lagos y más lagos! El comandante nos anunciaba la maniobra de aproximación. El avión viró y, en ese momento, ante el espectáculo de verdes y azules que se abría en abanico ante nuestra vista, decidimos dedicar parte del tiempo que nos quedara a trabajar en una Organización que defendiera el medio, que valorara el agua como bien necesario y escaso. En España no nos podemos permitir el lujo de desperdiciar ni una sola gota de  agua.

A las 12,30 en punto el avión tomaba tierra en el aeropuerto de Oslo. Comenzaba nuestra aventura.