Una de cal y una de arena

jovenes

Fuente: Adecco

Del 8 al 13 de marzo he tenido el inmenso placer de recorrer parte del territorio gallego. La estación de Chamartín en la madrugada del domingo era un constante trasiego de gente cargada de maletas. Nuestro Alvia se situó en la vía número 8 y hacia allí nos dirigimos los viajeros.

Me llamó la atención un grupo de jóvenes bulliciosos, que se mezclaba con un grupo de personas pertenecientes a la tercera edad. Todos gritaban (sabemos que éste es uno de los deportes nacionales), pero la voz de uno de los jóvenes, una chica, sobresalía por encima de la de los demás. Se notaba su afán de notoriedad, deseaba que el grupo de la tercera edad se enterarar de su mensaje: había descubierto en Chamartín a un viejo, decía ella, pegándose con la tecnología sofisticadísima del Whatsapp.

Me pareció una desfachatez la ridiculización que estaba haciendo de las personas mayores e intervine: «Ciertamente las nuevas tecnologías nos han pillado un poco mayores y su utilización nos produce un cierto respeto, pero precisamente la herramienta del Whatsapp no es de las más difíciles del mundo de Internet. No es necesario hacer un máster en matemáticas actuariales para apretar un icono, verde por más señas, escribir una frase y enviar a tu contacto. Cualquiera puede hacerlo, espero que hasta tú». El silencio en el ascensor se podía cortar.

Pasados tres minutos ya estábamos en el vagón, nos acomodamos, comenzaba el viaje. Mientras por mi ventanilla pasaban a toda velocidad árboles y edificios pensé en la juventud, en nuestra juventud. Yo creo, confío en la juventud española, es el futuro. Pero no en la juventud en general. Yo confío en los jóvenes que aprovechan el presente porque así se labran el futuro. No creo en los jóvenes que esperan que su futuro se les dé hecho sin su esfuerzo presente, porque creen que tienen derecho a todo.

El viaje por Galicia comenzó y terminó en Lugo (Lucus Augusti). Precisamente, la última tarde-noche en Lugo me topé con dos jóvenes que me abordaron ofreciéndome la posibilidad de hacerme socio de Acnur (Agencia de la ONU para los Refugiados). Dos jóvenes espléndidos, comprometidos, solidarios, que depués de su jornada laboral dedican su tiempo a los demás. ¡Cuántos hay como ellos! ¡Cómo no creer en la juventud! Naturalmente, nos dimos las direcciones y seguimos en contacto.

He aprendido algunas cosas en este viaje, pero… con estas reflexiones se me ha olvidado hacer la crónica que tenía pensada. Lo dejaré para otro día.