Desde Escandinavia con amor (II)

SDC11226Después de las primeras indicaciones del guía, nos aposentamos en el hotel y salimos a conocer Oslo. Nuestro hotel estaba al pie del fiordo de la capital, de belleza impresionante y una longitud de cien kilómetros, por el que navegan trasatlánticos inmensos. Oslo es escala obligada, igual que Estocolmo, de numerosos cruceros.

Oslo es una ciudad pequeña, en la que te sitúas con bastante facilidad. Es una ciudad tranquila, nadie tiene prisa, todos disfrutan del entorno. Yo no diría que es una ciudad bella, pero sí interesante, diferente, abierta al mar. Abierta, sobre todo, al futuro entorno al edificio de la ópera y el ballet nacional, impresionante construcción moderna en mármol de Carrara, símbolo de la nueva Noruega, rica en petróleo y en gas.

Esta Noruega rica, con un nivel de vida altísimo, se dejaba ver paseando por Aker Brygge, el paseo del puerto, lugar de moda, plagado de restaurantes y cafeterías en los que una cerveza te puede costar 18 €. Este Oslo «nuevo rico», que tiene sus residencias en sobrios edificios en el Oeste de la ciudad, contrasta con el Oslo pobre, antes del petróleo y el gas, del que quedan unas cuantas casas humildes de madera situadas en una de sus colinas, testigos mudos del gran incendio que calcinó en el s.XIX gran parte de la ciudad. Desde entonces rige la prohibición de construir en madera a pesar de su riqueza forestal.

Resulta paradójico también que, a pesar de su riqueza en petróleo y en gas, quizá sea uno de los países más respetuosos con el medio ambiente y que más y mejor están desarrollando energías alternativas, comercializando y apoyando al máximo los vehículos eléctricos. Oslo es la capital menos contaminada del mundo.

SDC11276La ciudad antigua gira entorno a un plano de cruz latina. El trazo más largo está constituido por la c/ Karl Johans, calle peatonal por donde discurre la vida de la ciudad. En el extremo oeste se encuentra el Palacio Real, edificio majestuoso, integrado totalmente en la ciudad y rodeado de unos jardines por donde tranquilamente los ciudadanos pasean. En el extremo este se sitúa la Estación Central, recuperada para el ocio con bares modernos, y la Catedral luterana.

En el trazo transversal se sitúa en el extremo norte la Galería Nacional, que alberga, entre otras joyas, el grito de Edvard Munch; y en el extremo sur el Ayuntamiento, más interesante por dentro que por fuera. En la sala presidida por un gran mural, obra de Munch, tiene lugar la ceremonia de entrega del premio Nobel de la Paz.

SDC11275Disfruté muchísimo la tarde que dedicamos a visitar los museos de Oslo. En un entorno paradisíaco nos sumergimos en la vida vikinga, visitando el museo de los barcos vikingos y contemplando los restos de la reina Osa y todo su ajuar. Nos ayudó a entender aún más la vida vikinga la visita al museo folclórico, en el que admiramos una iglesia vikinga y una casa típica perfectamente conservadas. Dando un salto en la historia, visitamos el museo del barco polar «Fram», impresionante barco del explorador noruego Nansen. Se nos explicaron numerosos detalles de las tres expediciones realizadas por los exploradores noruegos en este famoso barco y vimos documentos sobre la exploración del Polo Norte y la Antártida. Admiramos también la recreación, en el barco, del fenómeno de las auroras boreales. Todo muy interesante.

SDC11254Los dos días intensos en Oslo se completaron con una visita al Parque Vigeland, una meditación profunda sobre la vida cincelada en granito que el escultor Gustaw Vigeland realizó durante toda su vida y que donó a la ciudad de Oslo. Todos los grupos escultóricos son de un realismo impresionante y todos, centrados en cada una de las etapas de la vida, transmiten una profunda enseñanza. Pero el misterio de la vida sigue aún sin resolverse.

Después de degustar los famosos bocadillos de Oslo, con su salmón y sus salazones, nos retiramos a nuestro hotel para descansar. Teníamos por delante unas jornadas muy interesantes. Eran las 23h y seguía siendo de día. Nos estábamos acercando al solsticio de verano.